7/1/12

¿Por qué permanecemos en la provincia? (M.Heidegger)



HEIDEGGER, Martin. ¿Por qué permanecemos en la provincia?, en Revista Eco, Bogota, Colombia, Tomo VI, 5 , marzo 1963. Traducción de Jorge Rodríguez.





Este artículo de Heidegger, casi totalmente olvidado aun en Alemania, apareció en 1934 en una obscura hoja periodística de provincia, y desde entonces no se había vuelto a publicar. Ahora lo ha recogido Guido Schneeberger en su libro Nachlese zu Heidegger, de donde hemos tomado el texto. En 1933 se le ofreció a Heidegger por segunda vez una cátedra en la Universidad de Berlín. El filósofo decidió rechazar el ofrecimiento y quedarse en su pequeña Friburgo, es decir, en la provincia. Para justificar tal decisión escribió el artículo cuya traducción ofrecemos aquí. (N. de la R.)





En una abrupta cuesta de un amplio y alto valle de la Selva Negra se levanta un pequeño refugio de esquiadores a 1.150 m. de altura sobre el nivel del mar. Su planta mide de 6 a 7 m. El bajo techo recubre tres cuartos: la cocina, el dormitorio y un gabinete de estudio. En el estrecho fondo del valle y en la ladera opuesta, igualmente abrupta, yacen dispersos los cortijos de los campesinos, ampliamente emplazados, con el gran techo que pende sobre ellos. Cuesta arriba se extienden las praderas y las dehesas hasta el bosque con sus viejos, enhiestos y oscuros abetos. Todo lo domina un claro cielo soleado en cuyo resplandeciente espacio dos azores se elevan trazando círculos.


Cuando en la profunda noche del invierno una bronca tormenta de nieve brama sacudiéndose en torno del albergue y oscurece y oculta todo, entonces es la hora propicia de la filosofía. Su preguntar debe entonces tornarse sencillo y esencial. La elaboración de cada pensamiento no puede ser sino ardua y severa. El esfuerzo por acuñar las palabras se parece a la resistencia de los enhiestos abetos contra la tormenta.

Y el trabajo filosófico no transcurre cual la apartada ocupación de un extravagante, sino que tiene una íntima relación con el trabajo de los campesinos. Mi trabajo se asemeja al del joven campesino cuando sube la pendiente remolcando el trineo de montaña y luego, una vez bien cargado con leños de aya, lo dirige a su cortijo en peligroso descenso; al del pastor cuando con su andar lentamente meditabundo arrea su ganado pendiente arriba; al del campesino cuando en su cuarto dispone en forma adecuada las innumerables tablillas para su techo. Allí arraiga su inmediata pertenencia a los campesinos.

El hombre de la ciudad piensa que “se mezcla con el pueblo” tan pronto condesciende a entablar una larga conversación con un campesino. Por las tardes, cuando durante la pausa del trabajo me siento con los campesinos en torno de la estufa o en la mesa junto del rincón donde está la imagen del Señor, casi nunca hablamos. En silencio fumamos nuestras pipas. Entretanto quizá cruza una palabra. Que el trabajo se termina en el bosque, que en la noche anterior se metió una marta en el gallinero, que posiblemente mañana una vaca parirá, que el campesino Oehmi ha tenido un ataque, que el tiempo pronto “se muda”. La íntima pertenencia del propio trabajo a la Selva Negra y sus moradores viene de un centenario arraigo suabo-alemán a la tierra que nada puede reemplazar.

Al hombre de la ciudad una estadía en el campo, como se dice, a lo más lo “estimula”. Pero la totalidad de mi trabajo está sostenida y guiada por el mundo de estas montañas y sus campesinos. Ahora, mi trabajo allá arriba se ve interrumpido a menudo por largo tiempo debido a gestiones, viajes para dictar conferencias, discusiones y la actividad docente aquí abajo. Pero tan pronto retorno arriba se aglomera, ya desde las primeras horas de estadía en el albergue, todo el mundo de las antiguas preguntas y, por cierto, en el mismo cuño con que las dejé. Sencillamente soy trasladado al ritmo propio del trabajo y, en el fondo, no domino en ningún caso su ley oculta. Los hombres de la ciudad se maravillan a menudo de este largo y monótono quedarse solo entre los campesinos y las montañas. Sin  embargo, esto no es ningún mero quedarse solo; pero sí soledad. En verdad en las grandes ciudades el hombre puede quedarse solo como apenas le es posible en cualquier otra parte. Pero allí nunca puede estar a solas. Pues la auténtica soledad tiene la fuerza primigenia que no nos aísla, sino que arroja la existencia humana total en la extensa vecindad de todas las cosas.

Es posible convertirse fuera en una “celebridad” en un santiamén mediante los periódicos y revistas. Este es siempre, por cierto, el camino más seguro por el que el querer más auténtico sucumbe al malentendido y llega al olvido profunda y rápidamente.

Por el contrario, la memoria campesina tiene su fidelidad sencilla, segura e incesable. Hace poco le llegó la hora de la muerte a una campesina allá arriba. Ella conversaba conmigo a menudo y de buena gana, y me enseñaba viejas historias del pueblo. En su lenguaje enérgico y lleno de imágenes conservaba todavía muchas palabras viejas y diversas sentencias que habían llegado a ser ininteligibles para los actuales jóvenes del pueblo y, así, han desaparecido del lenguaje vivo. Todavía en el año pasado, cuando yo vivía solo semanas enteras en el refugio, esta campesina, con sus 83 años, subía a menudo la abrupta cuesta que conduce a él. Quería ver, como decía, si yo todavía estaba allí y si no me había robado de improviso “algún duende”. La noche que murió la pasó conversando con sus parientes y, hora y media antes de su fin, envió todavía un saludo al “señor profesor”. Tal recuerdo vale incomparablemente más que el más hábil “reportaje” de un periódico de circulación mundial sobre mí pretendida filosofía.

El mundo de la ciudad está en peligro de sucumbir a una falsa creencia corruptora. Una impertinencia muy ruidosa y muy activa y muy delicada parece, a menudo, preocuparse por el mundo y la existencia del campesino. Pero con ello se niega precisamente lo que ahora sólo hace falta: mantener la distancia de la existencia campesina; abandonarla -ahora más que nunca- a su propia ley; ¡fuera las manos!; para no arrastrarla en una falsa habladuría de literatos sobre lo popular y amor a la tierra. El campesino ni quiere ni necesita en ningún caso esta exagerada amabilidad ciudadana. Lo que ciertamente necesita y quiere es el tacto reservado respecto a su propio ser y a su independencia. Pero muchos de los procedentes de la gran ciudad y de los transeúntes -y no en último término los esquiadores- se comportan a menudo en el pueblo o en la casa del campesino como si se “divirtieran” en sus salones de recreo de la gran ciudad. Tal ajetreo destruye en una noche más de lo que puede fomentar jamás un adecenamiento científico de varios decenios sobre lo popular y las costumbres y usos del pueblo.Este es mi mundo de trabajo visto con los ojos mirones del huésped o del veraneante. Yo mismo nunca miro realmente el paisaje. Siento su transformación continua, de día y de noche, en el gran ir y venir de las estaciones. La pesadez de la montaña y la dureza de la roca primitiva, el contenido crecer de los abetos, la gala luminosa y sencilla de los prados florecientes, el murmullo del arroyo de la montaña en la vasta noche del otoño, la austera sencillez de los llanos totalmente recubiertos de nieve, todo esto se apiña y se agolpa y vibra allá arriba a través de la existencia diaria. Y, nuevamente, esto no ocurre en los instantes deseados de una sumersión gozosa o de una compenetración artificial, sino, solamente, cuando la propia existencia se encuentra en su trabajo. Sólo el trabajo abre el ámbito de la realidad de la montaña. La marcha del trabajo permanece hundida en el acontecer del paisaje.


Dejemos toda intimación condescendiente y todo falso culto de lo popular; aprendamos a tomar en serio allá arriba aquella existencia sencilla y dura. Sólo entonces nos podrá volver a decir algo.

Hace poco recibí la segunda llamada a la Universidad de Berlín. En una ocasión semejante me retiro de la ciudad a mi refugio. Escucho lo que dicen las montañas, los bosques y los cortijos. En esto vengo a donde mi viejo amigo, un campesino de 73 años. En los periódicos ha leído sobre el llamado a Berlín. ¿Qué irá a decir? Lentamente desliza la segura mirada de sus claros ojos en los míos, mantiene los labios fuertemente apretados, me coloca su mano fielmente circunspecta sobre el hombro y sacude su cabeza en forma apenas perceptible. Esto quiere decir: ¡irrevocablemente no!

20/12/11

La Adopción: Hijos y padres del corazón



Se calcula que hoy existen cerca de 7 mil parejas en la Región del Bío Bío con problemas de fertilidad luchando por ser padres. Muchas se someten a costosos tratamientos para lograrlo; un porcentaje importante no tendrá éxito. También están los que quisieran intentarlo, pero no pueden costear los tratamientos de fertilización. Este artículo no tratará de ellos, sino de un tercer grupo que eligió una vía diferente para llegar a la paternidad: el camino de la adopción.

Por Francisco Bañados P.

Se conocieron a fines del 2006 en el lugar más inesperado: una estrecha y poco ventilada sala de reunión del Servicio Nacional de Menores de Concepción. Eran tres matrimonios con un punto en común: acababan de iniciar sus procesos de adopción. A poco andar se hicieron amigos, crearon una red e incluso se organizaron para orientar a otros matrimonios. Hoy son padres felices y orgullosos, dispuestos a contar su experiencia. Aquí figuran con otro nombre: prefieren que sea así porque sienten que la historia de sus hijos es algo que pertenece sólo a ellos, y que como padres deben resguardar.
Rodrigo (48) y Paula (41) llevaban cinco años casados cuando les diagnosticaron problemas de fertilidad y comenzaron a realizarse tratamientos para quedar esperando un hijo. “Nos decían que existía un 60% de posibilidades de que lo lográramos. Invertimos muchas esperanzas y también mucho dinero en lo que en ese momento nos parecía la única opción. Pero sufrimos una decepción tras otra; vivimos el duelo y empezamos a conversar sobre la posibilidad de adoptar”, relata Rodrigo.
Isabel (33) y Javier (36) vivieron una experiencia similar, pero abandonaron tempranamente los tratamientos. “Vimos cuál era la opción que nos quedaba y nos preguntamos: ¿Estamos dispuestos a la fecundación in vitro? ¿Queremos tener varios proyectos de vida en un congelador, a la espera de un milagro de la ciencia? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar por ser padres? No queríamos doblarle la mano a la naturaleza ni jugar con vidas que no eran nuestras, pues un hijo es mucho más que un mero capricho. Así fue como empezamos a plantearnos la posibilidad de adoptar”, confiesa Isabel.

Javier fue el primero en convencerse, pero Isabel dice que tenía algunos temores. “Le dije a mi marido que no sabíamos de dónde vendría este niño, a lo que él respondió: ‘es cierto, pero sí sabemos a dónde va’. Eso me hizo un click y pude abrir mi corazón”.

Isabel sostiene que cuando se opta por la adopción, se inicia un camino de aprendizaje: “Al comienzo andas a la defensiva y te molestas si te preguntan mucho o si te preguntan poco. Pero es un error pretender que todo tu entorno lo asuma de inmediato y debes educarlo. Nuestros amigos fueron muy importantes, pues hablábamos un lenguaje común. Intercambiamos visiones, reflexionamos sobre la paternidad e incluso lanzamos el blog “Adopta con Amor” para orientar a gente que estuviera en una situación parecida”.

Largo embarazo


La experiencia de vida de José (38) y Beatriz (36) es algo distinta. Ellos tuvieron una hija que nació con un problema congénito y falleció a los pocos meses. Se les informó que existían altas posibilidades de que volvieran a pasar por lo mismo si quedaban esperando otro hijo. “Fue la experiencia más dolorosa, pero nos sentimos orgullosos de haber sido sus padres. Ella es nuestro angelito y el tiempo que compartimos fue un regalo. Pero teníamos claro que los hijos que vendrían después llegarían por otro camino”.

Pese a que la decisión fue rápida, la espera fue larga y tuvieron que pasar años antes que llegara Alonso. “Cuando empiezas un proceso de adopción esperas que todo sea bonito, pero lo romántico se acaba apenas cruzas la puerta del Sename. Encuentras un organismo estatal lleno de reglamentos, donde te lanzan verdades sin filtro. Te advierten el contexto de los niños y las madres, y de los problemas que hay que considerar. A muchos les dan ganas de salir corriendo, pero ellos te explican que lo que importan no son los padres, sino la seguridad de los niños”, relata Beatriz.

José Agrega: “Cuesta entender que habiendo tantos menores en situación de abandono, tome un tiempo tan largo entregar un niño a sus padres definitivos. Duele ver como los chicos crecen y van perdiendo las posibilidades de ser adoptados. Pero luego entiendes las dificultades que existen, las limitaciones legales, los trámites necesarios en tribunales. Se puede tener críticas, pero lo bueno del sistema chileno es que desde el 2005, cuando un hijo llega a manos de los padres definitivos ya nadie puede quitárselos. Antes de eso el tribunal ya ha dictado otra sentencia en la que la progenitora pierde cualquier tipo de derecho sobre el niño y no puede reclamarlo”.

José y Beatriz confiesan que el día del encuentro con Alonso todo su mundo cambió. “Fue como si todo el papeleo previo se transformara en mariposas. Él cupo justo en nuestro abrazo y llenó nuestro corazón. Ese momento fue como si se nos revelara una gran verdad universal: que nosotros éramos sus padres y él nuestro hijo”, cuenta José.

La noticia también fue impactante para el grupo, pues llegaba el primero de sus niños, y con él la confirmación de que todo había valido la pena. Para Javier, el ciclo se cerró cuando recibieron a su hija Francisca: “Tenía sólo dos meses y nos dijeron que no esperáramos muchas respuestas de su parte. Pero se equivocaban: la pusieron en mis brazos, abrió sus ojazos y me sonrió. En ese momento supe que era su papá y ella nuestra hija. Todo finalmente calzaba: las ansiedades, las penas, el largo camino recorrido”.



Genética del amor

Mirando hacia atrás, Rodrigo y Paula sienten que el dolor se transformó en una oportunidad. “Vimos cómo una experiencia dura se convertía en algo maravilloso. Dios tenía claro cuál era nuestro camino, pero nosotros sólo pudimos entenderlo al final, después de haberlo recorrido”, reconoce Rodrigo.

Paula comparte su visión: “Al principio tienes inquietudes que casi te avergüenza confesar. ¿Será parecida a nosotros? ¿Reaccionará como esperamos? ¿Qué personalidad tendrá? Pero al final las cosas resultan más simples. No nos quedamos pegados en la tozudez genética: la genética del amor y de la familia es la más fuerte. Ella es nuestra hija en todos los sentidos posibles”.

¿Y cómo manejan el tema de la adopción puertas afuera? Explican que siempre se está expuesto a los prejuicios, y por tanto están atentos a proteger a sus hijos, no de la mala intención de la gente, sino de la ignorancia. Pero sienten que, educados en el amor, los niños no tendrán ninguna inseguridad respecto a su origen. “Les hemos contado que los hijos llegan de dos formas al mundo: a través de la guatita o del corazón, y que no existe ninguna diferencia entre unos y otros”, dice Isabel.

Agrega Rodrigo: “La adopción no es tema para nosotros. Es parte de la historia de nuestros niños y de nuestras familias, pero no tiene ningún peso específico en lo cotidiano”.
A juicio de Javier, es importante recalcar que la adopción no los convierte en padres especiales. “Aquí no hay solidaridad, generosidad, ni ninguno de esos valores que mucha gente quiere ver detrás de la adopción: sólo el amor que pueden sentir los padres por sus hijos, que se han reunido después de transitar un camino distinto”.

Hoy para estos matrimonios todas las angustias han quedado atrás. Mientras sus papás conversan, los hermanos Alonso (4) y Ema (1) juegan felices con sus amigas Francisca (3) y Constanza (3). El grupo, que originalmente era de seis, ya va en diez, y si Dios quiere en un tiempo más será de doce.

Relativismo e hipocresía

A Beatriz le preocupa la ausencia de una política para fomentar la entrega en adopción. “En los segmentos socioeconómicos altos pareciera estar más validado el aborto que la entrega en adopción. Hay mucha hipocresía y creemos que una campaña podría contribuir a revertirlo. El Sename no puede llegar a todas partes, y es importante despejar los canales para que muchas mujeres sepan que existe esta alternativa”, plantea.

Opina que se necesita un cambio cultural: “Es frecuente en los hospitales que las enfermeras ataquen a las chicas que manifiestan la intención de dar sus hijos en adopción: les dicen que son monstruos por querer abandonar así a sus hijos. Al final se quedan con sus niños, que crecen en situación de abandono y terminan llegando igual a los hogares de menores sin ninguna posibilidad de adopción, porque sus madres los visitan una vez al año”.


Reportaje publicado en revista DIÁLOGO el 18 de diciembre de 2011.

19/12/11

Angel Kreiman: Un rabino camino a Jerusalén


El que fuera durante 20 años líder espiritual de la comunidad judía en Chile, culminará este mes su función de rabino de la Sinagoga de Concepción y partirá a Tierra Santa, dejando atrás una historia personal marcada por el estudio y la fe, la controversia entre sus pares, el horror ante el terrorismo y la tolerancia religiosa.


Por Francisco Bañados Placencia

Por estos días las oficinas de la Sinagoga de Concepción se han llenado de cajas, que en su interior atesoran 2 mil libros, valiosos documentos y 45 años de historia de una de las personalidades más relevantes de la comunidad judía en Chile: el rabino Ángel Kreiman. Sus pertenencias serán instaladas en un barco y dentro de algunas semanas llegarán a su destino definitivo: Jerusalén.

Por supuesto, el rabino partirá también. Y aunque le quedan algunos días en Concepción, buena parte de su cabeza pareciera estar ya en Tierra Santa, cumpliendo con el sueño de todo judío, o como dice él, de cualquier devoto del Judaísmo, el Cristianismo o el Islam. “En Jerusalén el Shabbat se vive todos los días. Parece como si la gente allí no caminara, sino que levitara. No hay otra ciudad con esa mística, que no sólo siente la gente de fe, sino también los turistas superficiales”, comenta, con los ojos brillosos de emoción.

Dentro de poco cumplirá 66 años y se acogerá a la jubilación que ofrece Israel a todos los judíos residentes. “No es mucho, pero es una gran tranquilidad que el Estado se haga cargo de mis gastos médicos, que no son pocos”, explica el rabino, quien padece de diabetes y es insulinodependiente. Una de sus tres hijas vive allá y él buscará un pequeño departamento en el casco histórico, que le permita visitar caminando el Muro de los Lamentos y otros hitos sacros de la ciudad.

Entre dos tierras

Angel Kreiman nació en Buenos Aires en 1945, pero ha vivido y trabajado la mayor parte de su vida en Chile. Pese a que sus padres no eran judíos observantes, desde pequeño quiso ser rabino, por lo que a los 17 años entró al seminario, en paralelo a sus estudios de Derecho. En 1966 se le encomendó viajar los fines de semana a Chile a generar un movimiento juvenil de renovación en la Sinagoga de Santiago.

En 1972 fue nombrado Gran Rabino de Chile, cargo desde el que tocó afrontar lo que la comunidad israelita consideraba un viejo fantasma: la amenaza del marxismo. “Muchos judíos ricos se fueron del país, temiendo que se repitieran las persecuciones del comunismo soviético. Pero la verdad es que el Presidente Allende fue bastante deferente con nosotros. En tiempos en que costaba encontrar otra cosa que no fuera carne de cerdo en Chile, nos permitió faenar vacunos según la tradición kosher para nuestra comunidad”.

En agosto de 1973 participó en un grupo de pacificación entre el gobierno y el parlamento, encabezado por el Cardenal Silva Henríquez, y en el que participaban también los obispos luterano y metodista. “Frei Montalva, entonces Presidente del Senado, insistió que de esto saldríamos sólo ‘a punta de fusil’. Hicimos un oficio por la paz en la Plaza de la Constitución el domingo 9 de septiembre, pero lamentablemente no sirvió de nada”, recuerda.

Tras el Golpe de Estado colaboró con la Vicaría de la Solidaridad y ayudó a sacar del país a 17 judíos de izquierda. Dice que incluso trasladó a algunos en el maletero de su auto. “Fueron tiempos difíciles, pero el General Pinochet fue cauteloso con nosotros, porque no quería ser acusado de antisemita. Hubo judíos poderosos que me acusaron de “rabino rojo”, y hubo otros tantos que me imputaron ser colaboracionista del régimen. Yo tengo mi conciencia tranquila porque siempre obré de acuerdo a mis principios y mi rol”, señala.

En 1990 volvió a Buenos Aires como Gran Rabino de la Congregación Israelita de la República Argentina, y su esposa Susy fue nombrada directora de la Bolsa de Trabajo de la AMIA. En ese lugar sobrevino la tragedia: en julio de 1994 terroristas islámicos hicieron estallar una bomba que costó la vida a 85 personas. “Estuve ocho días en la búsqueda de los pedazos de mi esposa. Me dije: si me enojo con Dios me quedo totalmente solo. Me cuesta mucho entender cómo se manejan aquellos que niegan la existencia de toda espiritualidad. Dios es el sostén de mi vida; la ilusión de reencontrarme con mi Susy y mis seres queridos me permite vivir”, confiesa.

Eclipse espiritual

Tras esa terrible experiencia volvió a Chile para dirigir la Sinagoga de Concepción. Desde esta plaza pudo trabajar más tranquilo en una de sus grandes pasiones, el diálogo interreligioso, en especial con la Iglesia Católica a través del Arzobispado de Concepción y de colaboraciones con el Opus Dei. “Yo comparto plenamente los postulados del Papa Benedicto XVI, a quién tuve oportunidad de conocer en Jerusalén en 1996. Él habla de la urgencia de evaluar la presencia de los contenidos esenciales de la ley moral y natural en la sociedad contemporánea, en la que parecen haberse oscurecido verdades morales naturales, indiscutidas y vigentes desde antiguo”, reflexiona.

A su juicio, el mundo atraviesa hoy una crisis espiritual que se manifiesta en el consumismo, la ignorancia, el materialismo, el secularismo y un cientificismo superficial: “La religión es una respuesta a las preguntas últimas del hombre. En cuanto las dejamos caer en el olvido, la religión entra en crisis. Nuestra tarea primordial es revisar las responsabilidades que tenemos los religiosos en nuestras propias derrotas. El hombre contemporáneo es individualista y sólo escucha una sola voz: la de su propio YO. Nuestro desafío es contribuir a que la sociedad deje de lado esa soberbia y ese vacío y vuelva a dialogar con Dios”.

Artículo publicado en revista DIÁLOGO el 18 de diciembre de 2011.

7/1/11

Emerge el arcoíris


Por Francisco Bañados P.

En nuestra opinión, en 1975 debuta un grupo que juega un rol clave en la instalación de la épica como uno de los pilares del heavy metal. Se trata de Rainbow, la banda que forma Ritchie Blackmore tras abandonar Deep Purple en 1975. El guitarrista buscaba alejarse de las influencias funk que comenzaban a hacerse visibles en la banda, y quería más espacio para incorporar con libertad elementos del folclor medieval en su música. Para ello no pudo encontrar mejor aliado que Ronnie James Dio, un cantante neoyorquino de ascendencia italiana que había teloneado a Deep Purple en 1974, al frente de Elf. Si bien esta banda ganó el nombre de “Elfo” de manera casi natural en los 60’s a causa de que ninguno de sus integrantes pasaba del metro sesenta de estatura, era un nombre muy acorde con las motivaciones de Ronnie Dio. El pequeño cantante de poderosa voz estaba particularmente interesado en escribir letras donde los mitos, los cuentos de hadas y la magia se encontraran. Inquietud que pudo combinarse a la perfección con la de Blackmore, quien era aficionado a los brujos y lo oculto (al parecer, una costumbre muy habitual entre los guitarristas de la época).

Juntos inauguran el estilo de “calabozos y dragones” en el heavy metal. La portada de su primer disco de 1975, Ritchie Blackmore’s Rainbow, deja muy en claro la línea de la banda: una ilustración de un castillo de cuentos de hadas con la forma de una guitarra Fender Stratocaster. La placa incluye canciones de corte épico, como el himno The Man on the Silver Mountain, The Temple of the King y Sixteen Century Greensleeves, y junto a ellas otras que son un guiño al mundo de hadas y duendes, como la sutil balada Catch the Rainbow.

El primer disco es recibido con algún grado de desconcierto por parte de la crítica, que considera que Blackmore ha suavizado su propuesta respecto a lo que venía haciendo en Deep Purple. En efecto, la primera encarnación de Rainbow no era otra cosa que Elf con Blackmore como guitarrista, por lo que apenas finalizan el disco debut, el músico se aboca a la tarea de reclutar instrumentistas a la altura de su currículum.

El primero en llegar es Cozy Powell, un verdadero emprendedor de la batería de la escuela de Ginger Baker y Keith Moon, que había ganado notoriedad junto a Jeff Beck y también junto a su propia banda, The Cozy Powell’s Hammer. Powell, quien también era piloto de carreras y fanático de las motos, resultaría fundamental para imprimirle un sonido heavy metal a Rainbow e inaugurar formalmente este subgénero. El baterista perfecciona la técnica del doble bombo, desarrollada inicialmente por el baterista de The Who, Keith Moon, y aporta peso al grupo con una base rítmica veloz y demoledora. Completan la formación clásica el bajista escocés Jimmy Bain y el teclista norteamericano Tony Carey. Los cinco editan en marzo de 1976 el disco Rainbow Rising, producido por el ingeniero Martin Birch, antiguo colaborador de Deep Purple, quien se convertiría en un ícono de la producción de bandas cultoras de la epopeya.

Rising constituye todo un paradigma para el heavy metal, tanto a nivel musical como en las letras. Blackmore alcanza su madurez como guitarrista, especialmente en sus solos, que dan cuenta de una técnica y sensibilidad excepcionales. Así, por ejemplo, es notable como tensa las cuerdas con la presión que les imprime con su mano izquierda, que permiten que, en el devenir de sus solos, parezca que la melodía va alejándose de la base rítmica para volver de improviso y encajar de manera siempre precisa, con tensiones y oscilaciones inspiradas en escalas orientales. Dio, por su parte, deslumbra con sus líneas melódicas. A su particular timbre, que le permitía cantar en pasajes con notas muy altas, sin esfuerzo, sin recurrir al grito agudo y sin perder fuerza ni control, sumó una teatralidad casi operática. Su voz se convertía entonces en el instrumento perfecto para transmitir historias épicas, la mística, la magia y la sabiduría de los antiguos. Canciones como Tarot Woman, Run with the wolves, A light in the black, y especialmente Stargazer, sientan un nuevo y tal vez definitivo precedente de cómo abordar la epopeya en el rock.

La pieza más destacada del disco es Stargazer, una canción épica de 8 minutos y medio que, para muchos, es una de las mejores composiciones jamás escritas en el rock. El tema comienza con una poderosa y técnica introducción del baterista Cozy Powell, acompañada por un largo riff de Blackmore, que permite un inspirado contrapunto entre ambos instrumentos. A continuación irrumpe el riff principal que constituye el leif motiv de la canción, con un ritmo de medio tiempo muy marcado e hipnótico, reforzado por un teclado con reminiscencias orientales. El aderezo extra es aportado por las cuerdas de la Filarmónica de Berlín que contribuyen a que la música alcance su clímax en el dramático desenlace de la historia. Mención aparte merece el solo de Ritchie Blackmore, considerado uno de los mejores de su carrera.

Stargazer cuenta la historia de un rey-astrólogo-mago de tiempos inmemoriales que encarga a sus súbditos la construcción de una torre altísima, que le permitirá cumplir su mayor anhelo: volar. Tal como en el mito de Ícaro y Dédalo, el protagonista responde al arquetipo del hombre-pájaro, un mortal obsesionado con volar. Obsesión que a su vez esconde el deseo de dominar los cielos y equipararse así con los dioses. Este concepto es reforzado en Stargazer por la presencia de la torre, a todas luces una alusión a Babel y a la ambición humana de alcanzar la grandeza de Dios mediante un desafío material. Son los súbditos de este cruel rey mago quienes cuentan la historia y quienes de hecho aportan el cariz épico de la trama, que se desliza entre su fe en su señor (“yes, I believe”) y su sentimiento de sentirse por primera vez libres (“I’m comming home”). La historia termina donde terminan casi siempre las mayores ambiciones del hombre: en el fracaso. Una vez erguida la torre, el mago se lanza al vacío y, por una fracción de segundo, se convierte en un dios ante sus ojos y los de su gente. Pero sus sueños se revientan contra las rocas. Con esta dramática escena se rompe el espejismo. Sus siervos, que construyeron con sus propios huesos y su sangre esta torre insensata, que sufrieron y murieron por los sueños de un loco, se liberan del hechizo y toman conciencia de su propia existencia. Por primera vez son libres: un arcoíris en el horizonte les dibuja el camino a casa.

Con el álbum Long Live Rock & Roll (1978), Rainbow comienza a alejarse de la propuesta épica de sus dos primeras placas. En un intento por llegar las radios norteamericanas y conquistar este importante mercado -dominado en ese momento por bandas con un sonido más comercial, como Journey, Kansas o Boston-, Blackmore prioriza un sonido más rockanrollero, simple y con mayor gancho comercial. A pesar de ello la épica y la fantasía sige estando presente en el disco en temas como Kill the King, Lady of the Lake (basada en el mito artúrico), Rainbow Eyes y Gates of Babylon. Este último es otro de los grandes clásicos de la banda: está inspirado en la antigua Persia, recreada con acierto gracias a la ambientación arabesca de los teclados y los riffs de guitarra. La pieza tiene uno de los solos mejor logrados de Blackmore, en el que deja de lado la escala pentatónica para sumergirse en la escala frigia. La letra es, más que una historia lineal, un conjunto de evocaciones que nos conducen irresistiblemente a la mágica Babilonia del imaginario del nómade aventurero que se acerca por primera vez a sus puertas.

Babilonia se presenta ante los ojos del viajero como un sinónimo de tentación. La ciudad representa poder y riquezas, pero en su reverso también es el camino a la perdición. En ese sentido, el demonio y la ciudad son prácticamente una misma cosa.

El disco Long Live Rock and Roll marcaría el fin de la inspirada sociedad Blackmore-Dio, y con su disolución terminaría la etapa más épica de Rainbow. El guitarrista estaba convencido de que debía abandonar o minimizar este tipo de temáticas para conquistar el mercado norteamericano. A contrario sensu, el management del grupo insistía en que había que probar caminos seguros, como las canciones de amor. Pero Ronnie James Dio no estaba dispuesto a hacer esta concesión, y el tiempo pareció darle la razón. Pocos meses después de su partida, en 1979, fue reclutado por Black Sabbath para ocupar el lugar de Ozzy Osbourne. Junto a este grupo grabó dos discos fundamentales para el heavy metal, Heaven and Hell (1980) y The Mob Rules (1981), continuadores de la más clásica tradición de Rainbow. Reyes, caballeros, brujas y la sabiduría de los antiguos tomarían por asalto las letras de la obscura banda de Birmingham, que, de la mano de Dio, renovaría su propuesta de cara a la década que comenzaba.

8/9/10

Bernardino Bravo: "Estamos hastiados de quemar incienso a los próceres"

He aquí una interesante entrevista al nuevo Premio Nacional de Historia, Bernardino Bravo, quien no tiene pelos en la lengua para desmitificar el Bicentenario y cuestionar el muchas veces irreflexivo ensalzamiento a nuestros próceres.


Bernardino Bravo Lira estaba en su oficina en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, trabajando con sus ayudantes en la labor que lo ocupa por estos días: una historia de los cuatrocientos años de la judicatura chilena. Un llamado telefónico lo interrumpió: había ganado el Premio Nacional de Historia 2010.

Bravo es historiador del derecho (reconoce como maestros a Gonzalo Vial, a Héctor Herrera y al historiador alemán Karl Hauck). Por eso al recibir el galardón destacó que fuera la primera vez que se distinguía a dicha rama. Mencionó a Alamiro de Ávila Martel y a Antonio Dougnac (miembro de la Academia de la Historia) como las bases de un edificio del que él se siente el techo; y recordó a Vial como quien debió ganar antes que él. Ahora, en una de las bibliotecas de la Facultad de Derecho, con una imagen de Ávila Martel a sus espaldas, insiste: "De toda la producción historiográfica chilena había más de un tercio que nunca había sido considerada".

Bravo se interesó por la historia del derecho cuando estudiaba derecho en la Universidad Católica y era alumno de Gonzalo Vial: "Leí la afirmación de un historiador alemán, Heinrich Metteiz, quien decía que la historia del derecho es la puerta adecuada para entrar a las demás ramas de la historia, porque cuando un historiador empieza a trabajar una materia se encuentra con un caos de datos que hay que ordenar de alguna manera, y esa ordenación muchas veces es bastante arbitraria; en cambio -en materia jurídica-, el derecho es en sí mismo una estructura, y no hay más que reconstruir la estructura y no construir una. Eso me fascinó".

-Sin esa conciencia jurídica, ¿la historia es incompleta?

"No, no. Es lo que dice Metteiz: es un muy buen acceso a la historia. Los otros pueden llegar, y llegan a menudo a tener excelentes resultados, pero es un camino increíble y con mucha suerte".

-¿No es eso un sesgo?

"No. Esos sesgos son los que emplean los historiadores generales. Porque el historiador del derecho, como reconstruye algo que ya está, no necesita sesgos ni anda aterrado por ellos. En cambio, los otros se manean. No digo que no sean buenos historiadores, pero que ser historiador del derecho es una gran ventaja para hacer historia, eso sí lo digo".

En su último libro ("Constitución y reconstitución. Historia del Estado en Iberoamérica 1511-2009"), Bravo plantea que, tras la Independencia, en América se produce, a contrapelo del período anterior, una dispersión en la que las facciones luchan por imponer distintas constituciones. Habla de una "euforia" constitucional, seguida desde mediados del siglo XIX (con la aparición de los partidos políticos), de una "furia": "En ambos momentos la idea era demoler lo que había y encontrar cualquier otra cosa distinta. Se mataban por eso".

-Al parecer usted cuestiona las constituciones liberales...

"No, eso es completamente erróneo. Un historiador que cuestiona es un periodista. Lo que hace un historiador es reconstruir lo que pasó y uno ve que en toda Hispanoamérica cada país tuvo su propia constitución que fue puliéndose hasta que el Estado de Derecho llegó a su apogeo en siglo XVIII, en la época de la Monarquía ilustrada, y tras la Independencia se desmontó. La gente no lo sabe, pero eso es así: tenían los recursos y funcionaba. Después de la Independencia el derecho hispanoamericano cambió porque ya no protegió, o sea, declaró iguales a todos los habitantes. De una plumada, O'Higgins decretó que los indígenas eran ciudadanos chilenos. Se quedaron sin protección, sin garantía, sin privilegios y se los comieron los chilenos. Y uno ve que en pleno siglo XVI hay recursos para reclamar contra los abusos de gobierno".

-¿En qué queda el Bicentenario?

"Estamos haciendo una cosa sin sentido. ¿Es el Bicentenario de las juntas de gobierno? No, porque la de Quito fue en 1809 y en otros países ni hubo. ¿De las constituciones? No, porque la primera fue en 1911 en Venezuela. ¿De la Independencia? El primero que la declaró fue Venezuela; Argentina lo hizo en 1816; Chile en el 18.

-Es decir, es algo artificial.

"Habría un modo de salvarlo. Definiéndolo como la crisis del mundo hispánico: unos se pegaron la estampida y se llaman héroes y próceres y no se qué; es una visión centrífuga. Otros, producida la estampida, dijeron que había que preservar lo común; es una faceta centrípeta. La cumbre de ese Bicentenario centrípeto es Andrés Bello, quien escribe su gramática para evitar que este mundo que habla una sola lengua se disperse como les ocurrió a los pueblos que sucedieron al imperio romano; y que cuando hace el Código Civil dice: 'comprenderéis que no estamos en el caso de copiar ningún código extranjero'. Es la visión que triunfa en el siglo XX, cuando se recupera en gran parte el acervo común: los hispanoamericanos no quieren ser yankees , no quieren ser europeos. Aparecen Rubén Darío y una generación de ¡cincuenta poetas hispanoamericanos! Es el momento en que ya estamos hastiados de seguir quemando incienso a los próceres, a la Independencia, a los libertadores. Todas esas son cosas ridículas".

-¿No hay nada que celebrar?

"Fue un momento de división y de problematización que naturalmente perjudica: el que renuncia a su propio pasado se condena a imitar a otros, ése es el problema del Bicentenario, y eso conviene recordarlo, pues contribuye a tener conciencia del peligro de caer en eso, en una dispersión que sólo beneficia a las potencias extranjeras".

-¿Ve ese peligro ahora?

"Estamos sumidos en eso. ¿Cristina, la de al lado, anda preocupada de lo que pasa en el continente? No tiene idea. O Dilma Rousseff, del Brasil, ¿está desvelada por el porvenir del continente? También están Evo, Correa y la moda de Chávez de las asambleas constituyentes. Entonces, cada cual tiene su personalidad, pero ninguno mira al continente en absoluto. Y los que van a la OEA están pensando en ser candidatos en su propio país y no se preocupan del continente. Si se preocuparan, lo primero que deberían hacer es sacar la OEA de Estados Unidos y ponerla en un país civilizado".

-¿EE.UU. no lo es?

"Todavía no. Son bárbaros, no entienden las cosas. Los ingleses hacen los desaguisados más grandes, pero saben salir de ellos, no se meten en camisas de once varas. Los yankees son unos maestros para manejar sus propios asuntos, pero cada vez que intervienen en los del mundo la cosa empeora en términos exponenciales, porque son bárbaros. Pueden comprar lo que quieran, pero no pueden comprar madurez ni antigüedad porque no la tienen".

Por Juan Ignacio Rodríguez Medina
Artes y Letras, EL MERCURIO
Domingo 5 de septiembre de 2010.

13/8/10

Jóvenes después de los 80

Recupero este artículo en el que me dí el gusto de entrevistar a cuatro viejos muy "choros". El artículo fue publicado en 2006 y bueno, el tiempo no pasa en vano; todos los entrevistados viven aún, pero dos están muy viejitos, y obviamente ya no son las personas activas que entrevistamos hace 6 años. Mayor razón para dar testimonio de sus recetas para mantenerse activos, vigentes, plenos y felices en un país que envejece rápidamente. A tomar nota, porque el tiempo vuela...

Por Francisco Bañados P.

Por las mañanas, nada en el Lago Villarrica. Después de almuerzo, jardinea y más tarde recorre el campo buscando ramitas secas que le servirán para tallar bailarinas, perros, caballos o pajaritos. De vuelta a la ciudad, reserva sus noches para jugar póker con sus amigos, disertar sobre algún tema contingente en la Logia, o simplemente para pasarlo bien junto a su familia. Es todo un caballero y jamás permite que alguna amiga pague la cuenta del café.

Definitivamente, León Carrasco tiene la agenda y la vitalidad de cuatro veinteañeros sumada a la de un chico de 11. Y no es sentido figurado: a sus 91 años, parece conocer la receta de una vida plena después de los sesenta. Hace 26 años, don "Loncho" se jubiló y dejó sus clases en el colegio y la universidad. Viajó a todos lados con su señora y aprendió a darse el tiempo para disfrutar las cosas simples. Hace algunos años enviudó, pero no se echó a morir: un nieto se fue a vivir con él y la experiencia resultó gratificante. "Eran como dos amigos compartiendo su departamento de solteros", comenta Marcia, su hija. Hace dos años nació su primera bisnieta, y con ella una nueva alegría.

Algunos psicólogos llaman "segunda adolescencia" a esta forma de asumir la tercera edad, una opción que marca un quiebre en 180 grados frente al modelo de los ancianos de antaño.
¿Es don Loncho una excepción? Probablemente. Pero una excepción a la que nuestra sociedad se tendrá que ir habituando. El Censo 2002 reveló que la población que más ha crecido en los últimos años son los mayores de 60 años, y que además este segmento está elevando sus expectativas de vida cerca de un año por cada década que pasa. O sea, vivirán en promedio un año más que quienes cumplieron 60 años en 1996.

La psicóloga Pamela Espinosa sostiene que la sociedad va dejando en evidencia un desplazamiento en las "edades del hombre": los hijos tardan más en abandonar la casa de sus padres, se casan más viejos, y la maternidad tiende a postergarse para privilegiar el desarrollo profesional. ¿Signos de los tiempos y de la globalización?

En paralelo nacen menos niños. Según el INE, la fertilidad chilena es de dos hijos por familia, en el límite de la llamada tasa de reemplazo (2,1). En nuestra región la tendencia se acentúa, pues presenta una cifra de fecundidad de 1,95; considerablemente más baja que la del promedio nacional. ¿La población se está estancando? ¿O será que ahora los viejos son el futuro?

País de lolosaurios

El 2010 en Chile habrá un mayor de 60 por cada dos menores de 15. El 2034 la proporción será 1 a 1. Antes de que termine la mitad del siglo el 25% de los chilenos será viejo. Veremos una población más longeva, pero con una mentalidad distinta porque, a diferencia de anteriores generaciones, desde su juventud habrán estado acostumbrados a consumir marcas, a viajar, a instruirse y a estar más pendientes de su estado de salud.
Esta descripción le calza como anillo al dedo a Gladys Padilla (80). Después de enviudar en 1978 y de jubilar en 1987, jamás le ha cedido un centímetro a la soledad. Lleva años practicando yoga, viajando al extranjero y organizando campeonatos de póker y pollas. "Lali" pertenece a una logia mixta y a un centro femenino, del que ha sido presidenta en dos ocasiones, sin descuidar sus labores de abuela. Según sus cercanos, actividad en que se mete, asume el liderazgo. "Constantemente estoy estudiando temas de cultura, ética, actualidad... Me gusta estar informada de lo que pasa en el mundo, pero con un buen nivel de profundidad", afirma.
Ricardo Placencia (91 años) es, al igual que don Loncho y la señora Lali, todo un pionero en lo que concierne a cambios de mentalidad. "A principios del siglo XX era normal que las familias tuvieran 8 hijos, y que a una persona de 58 años se la considerara anciana. En poco tiempo más, con tanto viejo y tan poco joven, nos va a tocar a los viejos actuar como jóvenes", razona, con sorprendente lucidez.
El "tío Ricardo" está convencido de que la receta de la longevidad es "no hacerse mala sangre y tomarse la vida con humor". También reconoce con picardía, que pudo influir haber jubilado en 1950, y no haber trabajado más desde entonces.
Con esta filosofía, poco le cuesta encontrarle ventajas a la vejez. "Siempre tengo tiempo para hacer lo que me gusta, para conversar con la gente, para hacer trámites en el centro... Y eso sin contar que en el supermercado y en el banco tenemos atención preferente", apunta.
Hace algunos meses murió "de viejo" su amigo más cercano: su perro Richard, que por 15 años lo acompañó a todas partes. Asegura no tenerle miedo a la muerte -en efecto su sección favorita del diario es la página de "los muertos"- y que tampoco le complica programar la ceremonia de su funeral. De todas formas dice que no tiene ningún interés en perderse su cumpleaños número 100, y que ya está empezando a tirar líneas para su discurso.

Equilibrio espiritual

El caso de Godofredo Hecker es diferente. Está a punto de cumplir 80 años y no ha podido jubilarse, porque su pensión es muy baja. Hoy trabaja en la Droguería Alemana, laboratorio que el mismo fundó, pero que hace algunos años se vio obligado a vender.
Pero el "tío Godo" no se complica demasiado, y se las arregla para disfrutar con cosas que debió postergar, siendo más joven. Vive junto a su señora, alejado del ruido de la ciudad, en un campo camino a Santa Juana. En primavera y verano, se levanta de madrugada y camina hasta la punta de un cerro cercano a su casa. Tiene un laboratorio de fotografía, de vez en cuando hace un enguindado legendario, lee y escucha música clásica. Y no sólo eso: cuando tenía 65 años, aprendió a tocar piano. Su último hobby es la caligrafía gótica, y puede pasar horas transcribiendo libros al alfabeto germánico.
Pero nada lo hace más feliz que pasar un rato con sus nietos. "Son mis compinches y mi mayor felicidad. Antes los abuelos eran personas distantes, a los que los niños no podían ni acercarse; gracias a Dios, eso cambió", comenta.
Como buen químico, tiene una fórmula para vivir en plenitud los años dorados: "Hay que olvidarse de las cosas que uno hacía cuando joven; tenemos que aprender a apreciar la vida con otro ritmo y con una mirada diferente. Esta es una etapa linda, que se puede vivir muy bien si uno se cultiva física, intelectual y espiritualmente. Las canas y los dientes son accidentes, pero la arrastrada de pies es signo de vejez".

9/8/10

“Nuestra realidad es el guión de Matrix”

Sergio Melnick vaticina que la revolución inalámbrica será de mayor envergadura que la de los computadores personales, y que cambiará para siempre la forma en que el hombre se relaciona con su entorno. “Lo que viene es de la misma magnitud que el pecado original”, advierte, mientras prepara su paracaídas para el gran salto al ciberespacio.

Por Francisco Bañados P.

Tome un panelista de TV. Agréguele un director de E-Business de la Universidad Adolfo Ibáñez. Revuélvalo con un ministro de Mideplan del Régimen Militar. Añada una pizca de numerología y esoterismo y sazónelo con un look rabínico-patriarcal. Ponga todo en la licuadora y presione ON. ¿Qué podría obtener con semejante mezcla? Fácil: el resultado no podría ser otro que Sergio Melnick, multifacético e inquieto ingeniero comercial reconocido principalmente como "el panelista de derecha" de Tolerancia Cero de Chilevisión.

Acompañado por el periodista Fernando Paulsen, Melnick viajó a Concepción para exponer, durante el almuerzo inaugural de un foro tecnológico empresarial organizado por Entel PCS, sobre los insospechados efectos de la revolución digital ad portas, “que cambiará totalmente los paradigmas del mundo que conocemos”.

Minutos antes de comenzar la charla, sentada su robusta humanidad frente a un delicioso plato que jamás tendrá oportunidad de probar, se da el tiempo para contestar e-mails desde su teléfono PAD (Personal Digital Asistant). “Me cargan estos seminarios, son de lo más injusto que hay. Todos comen mientras uno habla”, comenta, medio en serio, medio en broma. “Cada vez que escuches un “tap tap”, querrá decir que alguien a tu alrededor estará trabajando con uno de estos aparatitos”, comenta, mostrando orgulloso su celular-agenda-computador. Y agrega: “Esta revolución inalámbrica es la superación final de la geografía, y sin duda tendrá un impacto tanto más grande para la humanidad que la aparición del computador personal”.

-¿Cómo puede afectar tanto a la humanidad un simple teléfono?
-Ciertamente no se trata sólo de un teléfono. Esta revolución va a entrar igual que la de los PC, sin pedirle permiso a nadie. Hoy en Chile hay 11 millones de celulares, casi un celular por persona. Esa es ya una realidad distinta. Pero es importante entender que no es lo mismo la máquina que la tecnología. La máquina es lo que está afuera, lo que se ve, como la cara del ser humano. La tecnología es invisible, es como el alma, es una forma de pensar. La tecnología no es neutra, uno no define si la usa para bien o para mal. Tiene una ideología propia. Este PDA que tengo en mis manos, el adminículo universal, tiene una lógica para pensar el mundo que tenemos que ser capaces entender. Por eso no se le entiende como un teléfono, sino como un conjunto se servicios. Lo que viene es gigantesco y cambiará a la sociedad, la familia, los negocios. Por eso debemos ver esta revolución inalámbrica como un beneficio y no como un costo.

Vida digital

-¿Por qué dice que la revolución inalámbrica de los PAD será más importante que la de los computadores personales?
-La gran diferencia es que los PC simulan un cerebro humano, operan bajo esa metáfora de la inteligencia. Los PDA ya no tratan de ser inteligentes, sino que son accesadores a una inteligencia que está en otro lugar.

-¿Una inteligencia global?
-Una mente. Ese es el gran cambio de paradigma. Si el PC opera con la metáfora del cerebro, esto opera con la metáfora de la mente. En los 50, hablábamos de un computador utilizado por muchas personas. Luego en los 80 se pasó a un computador por persona. Ahora, con esta máquina, son millones de computadores sirviendo a una sola persona. Todos esos miles de computadores vienen a formar un gran computador, que opera como una mente.

-¿Un computador vivo?
-Exacto. Es nuestro primer paso a la integración con la máquina. Cuando el ser humano empieza a interactuar con ella, ya no se puede desentender, porque se aísla, porque la información y el conocimiento están todos allá. En el PC tú archivas todo dentro. Aquí archivas todo afuera, te desentiendes de la geografía. Las posibilidades y las capacidades son infinitas, pero tienes que meterte dentro del sistema. Esta máquina va a ser tu teléfono, tu agenda, tu computador, tu biblioteca, tu tarjeta de crédito, tu todo. Tu identidad, en definitiva. Ella se comunica con todos sus otros iguales, y genera una red paralela a internet, y donde está genera submundos comunicándose con los sensores del auto, del refrigerador, del cajero automático... La realidad adquiere vida. Suena abstracto, pero no lo es. Esto no es futuro, es presente, y ya existe hoy.

-¿Quiere decir que, o nos subimos a este carro, o el carro los pasa por encima?
-Así parece ser. Einsten dice que la realidad no es lo que nosotros creemos. La realidad es una ilusión persistente. Si no fuese así, si la realidad fuese clara y objetiva, no habría espacio para la innovación. Tenemos que tener presente tres cosas: que el conocimiento tiene la extraordinaria capacidad de doblegar los sentidos; que la mente tiene la propiedad de llenar los espacios vacíos, y que el contexto altera el significado y uno ve lo que quiere ve. Por ende, tenemos que aprender a mirar las cosas de una manera distinta.

-Porque no hay un manual de instrucciones para subirse a este carro…
-No lo hay. No se puede usar un mapa viejo para explorar un camino por el que nadie nunca nadie ha ido. El mapa no está en los modelos del pasado, porque el pasado no es un buen predictor del futuro. El nuevo mapa está aquí adentro: no está en las respuestas, está en las preguntas. Y las preguntas dependen de la actitud, de entender que las cosas no son como creemos, de abrir la mente a otras posibilidades. En resumen, todo aquello que pueda ser digital, lo va a ser. Por lo tanto, mientras antes nos metamos a este mundo, mejores oportunidades tendremos. Steven Hawkings dice que hay que mejorar la inteligencia humana con ingeniería genética, que hay que posibilitar las vías de conexión directa entre el cerebro humano y los computadores, porque sino las máquinas nos van a sobrepasar.

-Suena escalofriante… Recuerda al guión de Terminator.
- Lo que está ocurriendo es exactamente igual al guión de Matrix. El mundo virtual, el ciberespacio, tiene una realidad ontológica exactamente igual a la nuestra. Estamos uniendo a nuestra mente original una mente colectiva artificial, y ese es el gran dilema moral que se nos viene: nos hemos metido en un mundo que hemos creado, y estamos dejando de lado la mente original, la que nos conecta de verdad. Nos vamos a conectar por la vía electrónica, y no por la mente con la que venimos equipados, la que se conecta con el alma. Estamos entrando al temible escenario de la tecnología versus el ser humano.

Pecado original

-Cuando usted habla de internet y de la gran cadena de los computadores inalámbricos interconectados como una sola mente, recuerda a la idea del imaginario colectivo de Young.
-Puede ser, pero la diferencia es que ésta es una mente colectiva creada por nosotros, a nuestra imagen y semejanza. Y eso es pecaminoso.

-¿Qué tiene esto que ver con el mundo espiritual?
-Ambos mundos son análogos, pero el material está en un nivel más bajo. Lo que viene con el ciberespacio es de la misma magnitud que el pecado original. Hay una degradación del ser humano. De nuestra realidad al ciberespacio también se baja una capa. Estamos cometiendo el mismo pecado original, creando un mundo paralelo a imagen y semejanza, y nos estamos instalando ahí. Esta realidad en que vivimos es muy dura, pero para los que vivan en el ciberespacio, esta mierda de realidad en que vivimos, va a ser el paraíso.

-Y pese a todo, se le ve tan entusiasta, dando el salto a la era digital… ¿Será que el vértigo nos atrae irremediablemente al vacío?
-Lo que pasa es que no tenemos otro camino. En menos de 250 años, pasamos de 1.500 millones de personas, a 6.500 millones. Nos demoramos 12 mil años en llegar a 500 millones, y en dos siglos quintuplicamos la cifra. Hoy tenemos que alimentar a toda la humanidad, con un nivel de consumo increíblemente mayor que en tiempos pasados. Estamos montados en una plataforma tecnológica global de la cual dependemos. Si esa plataforma desapareciera, se morirían de un paraguazo 6 mil millones de personas, por ende, nuestra sociedad depende de ella. Cuento corto, no hay vuelta atrás. Estamos atrapados. ¿Cómo nos fuimos a meter en este requesón? Ya no importa. Ahora tenemos que prepararnos para enfrentar mejor este nuevo mundo que ya está aquí.

Nueva inteligencia

-¿Una lógica distinta?
-Esto tiene que ver con la forma con que nos enseñaron a pensar. Desde hace siglos pensamos con la lógica cartesiana, que nos dice: cuando no entiendan algo, pártanlo en unidades y analícenlo por separado. Eso hoy lleva inevitablemente al error. Necesitamos volver a operar con una lógica de síntesis, tomar distancia y no perder de vista el problema en su conjunto. Esa habilidad para manejar el problema desde fuera, es lejos la cualidad más importante de un ejecutivo hoy.

-¿Debemos suponer entonces, que la revolución de los computadores inalámbricos cambiará nuestra forma de pensar?
-Cuando tú pones la inteligencia afuera, se produce un cambio en la lógica con la que tú te relacionas con el mundo. Cuando trabajas con un cerebro, un computador personal, manejas la información con lo que acumulas y archivas. Cuando funcionas con la información afuera, en otro lado, tienes que ir a buscarla, y tienes que tener la competencia suficiente para moverte en alta complejidad y encontrar lo que estás buscando.

-Es lo que pasa con Google.
-Así es. Cuando ordenas una búsqueda en Google, el buscador revisa 10 mil millones de páginas web. ¿Alguien puede leer eso? No las puedes entender, acumular, conocer, ni revisar, pero sí las puedes administrar. Estas maquinitas PDA tienen esa lógica nueva. Por eso que la Educación hoy en día está completamente desubicada. La discusión chilena hoy está centrada en los contenidos, y eso es un error, una estupidez.

-¿Hacia donde debiera enfocarse entonces?
-Tiene que ir hacia la administración del conocimiento. ¿Quién es inteligente hoy? El que tiene mejor acceso a la mente. La inteligencia no está en el cerebro, sino en la mente, y la mente está afuera del ser humano: está en cómo nos relacionamos e interactuamos con el mundo que nos rodea. Si analizas la revolución de los pingüinos, te tienes que preguntar, ¿dónde aprendieron los chiquillos a organizarse de esa forma? ¿Cómo aprendieron a armar blogs, a crear una red eficiente a través de e-mails y mensajes de texto? Hay empresas que invierten millones, y no logran coordinarse de la forma en que lo hicieron estos miles de muchachos. ¿Cómo lo lograron? ¿Debemos suponer que la educación no es tan mala como creíamos? ¿O será que lo aprendieron en otro lugar, con otras herramientas? Estos chicos están aprendiendo más por la sociedad en que están inmersos que por sus colegios. Ellos ya están acoplados a la revolución inalámbrica.


Entrevista publicada en Reportajes de EL SUR.
Domingo 22 de julio de 2006.